Los plaguicidas se pueden clasificar de acuerdo con su presentación comercial en: polvos, líquidos, gases y comprimidos. Esta clasificación es útil en prácticas de aplicación, preparación de formulaciones o prevención de riesgos.

Por ejemplo, los polvos plaguicidas incluyen un vehículo o portador higroscópico, que puede ser un talco; se aplican manualmente o con un equipo especial; la contaminación del ambiente debido a ellos suele ser lenta y la principal vía de intoxicación es la respiratoria.

En cuanto a los plaguicidas que se expanden y utilizan en forma líquida, la sustancia activa es aquélla con acción insecticida, está disuelta en disolvente que, muy comúnmente, es un derivado del petróleo, o bien, forma una suspensión coloidal. El equipo que se utiliza para aplicar estas formulaciones suele ser la mochila de aspersión; también se aplican mediante avionetas.

Un plaguicida líquido afecta más rápidamente al medio y su acción toxicológica es más intensa por las vías dérmica y digestiva. Los plaguicidas que se utilizan en forma de gases (que son líquidos cuando están bajo presión, pero que gasifican al abrir el recipiente que los contiene y llegar al equilibrio con la presión ambiental) también tienen un efecto adverso inmediato sobre el ambiente; en este caso, la principal vía por la que ocurren las intoxicaciones es la respiratoria.

Los comprimidos de plaguicidas suelen presentarse en forma de gránulos o de cebos, su aplicación es manual y las intoxicaciones con ellos suelen ocurrir por vía digestiva. En este caso, la contaminación el ambiente ocurre de manera relativamente lenta.

Esta es una clasificación de los plaguicidas según la plaga que atacan:

  • El insecticida para insectos
  • Fungicida sirve para hongos
  • Molusquicida para los moluscos
  • Ovicida para huevecillos
  • Herbicida para las malezas
  • Acaricida contra los ácaros
  • Rodenticida contra los roedores
  • Nematicida sirve para enfrentar los nemátodos


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